Urbe

Cosmonautas criollos: Argentina y los viajes espaciales

 

Esta nota cuenta la historia de BIO, un proyecto nacional que logró colocar en el espacio argentino a los dos primeros seres vivos criollos: el Ratón Belisario y el Mono Juan.

Por Juan Zaietz
27 de junio de 2023

Corría el año 1969, uno muy tranquilo para la historia reciente de la humanidad. Dentro de sus poco glamorosas efemérides podemos encontrar el último recital de los Beatles en la terraza, la llegada del ser humano a la Luna, el asesinato de Sharon Tate y el Cordobazo. La guerra fría estaba en pleno apogeo. Los norteamericanos seguían usando el napalm para realizar operaciones de deforestación poco convencionales en Vietnam, Libia llevaba a cabo su revolución con apoyo sovietico y Latinoamérica seguía siendo una zona de disputa entre los dos bloques hegemónicos. En medio de este contexto convulso y cambiante, un país al sur del continente americano comenzaba a dar sus primeros pasos en la carrera y conquista del espacio. Sí, Argentina tenía ambiciones aeroespaciales, quizá más modestas que EEUU y la URSS, pero ambiciones al fin. 

En 1960, el presidente radical Arturo Frondizi, fundó la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), la primera agencia espacial argentina y de Latinoamérica. Perón dijo que «para que algo no funcione, nada mejor que hacer una comisión», pero esta vez no fue el caso. El organismo tuvo un desempeño crucial para el desarrollo de la historia astronáutica argentina. A lo largo de sus treinta años de actividad, antes de ser rebautizada en 1991 por Menem, la comisión realizó 150 lanzamientos de cohetes de producción nacional. Cabe aclarar que esto no podría haberse logrado de no ser por la colaboración de un grupo de personas, de entre 15 y 30 años, originarios de Sarandí, Avellaneda, que tenían un interés particular en los cohetes. Estos individuos estaban agrupados en el ICTE (Instituto Civil de Tecnología Espacial) y con este hobby pusieron a Argentina a participar en la carrera espacial. Ahora bien, lo que nos incumbe en esta historia es puntualmente uno de los desarrollos más importantes de la comisión: el Proyecto BIO, que consistió en envíar seres vivos al espacio y traerlos de vuelta sanos y salvos

Para esa época, lanzar un cono de metal al espacio ya no era tan difícil. Sin embargo, intentar que un ser vivo vuelva en una pieza a la tierra tenía una complejidad mayor. Ejemplo de esto es el caso de la perra soviética Laika, la cual fue envíada en una misión suicida, a orbitar nuestro planeta y terminó abandonada en el espacio. Distintos fueron los destinos de los primeros astronautas argentinos: el Ratón Belisario, y El Mono Juan. Ambos animales lograron acercarse a la atmósfera y retornar vivos gracias al desarrollo cohetero nacional.

Foto: Cápsula Bio con el ratón Belisario.

YPF

Belisario fue un ratón cordobés (sí, el primer ser vivo argentino envíado al espacio y sobrevivir es coterráneo a La Mona) nacido en un laboratorio biológico en 1966. El vehículo que lo transportó durante su travesía fue el Cohete Yarará. Allí Belisario fue trasladado en una cápsula atado con un arnés y vestido con un chaleco. Esto es importante, ya que su capacidad de adaptarse a la molesta vestimenta fue lo que le permitió ocupar un lugar en la historia aeroespacial argentina. El viaje fue corto, no duró más de 30 segundos y alcanzó una altura de 2.3 km. El roedor pudo regresar con vida a tierra firme, recuperarse del estado de shock y la pérdida de peso total de 8 gramos, es decir el 5% de toda su masa corporal. Belisario continuó con su vida de ratón de laboratorio en Córdoba hasta su fallecimiento tres años después y fue padre de numerosos ratones que nacieron sin ningún tipo de alteración.

No menospreciando el mérito de los experimentos del año 66, el acontecimiento más importante del Proyecto BIO fue el viaje realizado por el Mono Juan. Este peludo héroe nacional era un Mono Caí, también conocido como Mono Silbador, originario de la selva misionera, de 30 cm de alto y un peso de 1.4 kg. Su selección estuvo a cargo de Gendarmería Nacional. Efectivamente, un pequeño grupo de gendarmes se metió en las profundidades de la selva misionera con el único objetivo de capturar un mono para meterlo dentro de un cohete y lanzarlo lo más alto posible.

Foto: El Mono Juan, previo a su viaje hacia la atmósfera.

El 23 de diciembre de 1969, Juan fue colocado dentro de su cápsula, completamente drogado con sedantes por las evidentes complejidades prácticas de meter a un mono en un habitáculo de 50 cm por 50 cm. El lanzamiento se realizó en la ciudad riojana de Chamical. Irónicamente en esta misma provincia nació, como ya mencionamos, uno de los responsables de renombrar la CNIE y de los más estratosféricos vendedores de humo con los viajes espaciales, prometiendo llegar a Japón en una hora y media. Volviendo a lo que nos importa, el cohete usado en la misión era el Canopus II, de unos 4 m de longitud y una capacidad de altura máxima de 150 km. Este no era el cohete de mayor alcance hasta ese momento. El Castor A podía superar los 400 km de altura, más de cinco veces los 82 km que alcanzó Juan.  

El vuelo duró unos 8 minutos aproximadamente, y menos mal que fue así, ya que la cápsula tenía unos 15 minutos de autonomía de oxígeno. El mono misionero aterrizó sano y salvo a 60 km de Chimical, aunque en estado de shock por el viaje. Luego de su travesía vivió dos años más en el zoológico de la ciudad de Córdoba, siendo la principal atracción. No obstante, cabe preguntarse, ¿por qué lanzar a un primate lo más lejos posible de la tierra? Bueno, la razones de la travesía eran dar un paso más en el desarrollo de una plataforma de lanzamiento de satélites y cohetes nacional y monitorear los signos vitales de Juan desde tierra con vistas a poder replicar esta tecnología en humanos. Efectivamente, los objetivos de la misión se cumplieron con creces. La tecnología de monitoreo remota pudo desarrollarse y la construcción de una plataforma de lanzamiento de satélites en argentina podría haberse completado de no haber sido por la desfinanciación del proyecto.

Foto: Representación de un cohete modelo Castor A antes de un lanzamiento.

Si bien Argentina nunca logró llevar seres humanos a la estratosfera, miembros del proyecto aeroespacial argentino confesaron que siempre estuvo la idea de realizar pruebas con humanos. Inclusive luego del viaje del simio, muchas personas se ofrecieron como voluntarias para realizar viajes similares, aunque esto no pudo llevarse a cabo (existe una mínima diferencia entre eyectar a la mesosfera un mono de kilo y medio a una persona de entre 60 y 70 kg). Estos proyectos aeroespaciales sembraron las semillas de los futuros desarrollos satelitales como el ARSAT I y II y la constelación SAOCOM (1A y 1B) y otros proyectos de carácter privado como Innovaspace. Todo esto permite que hoy en día  nuestro país permanezca en la competencia por la conquista del espacio junto a otros 40 países, lo que nos deja soñar con tener en el futuro nuestro propio cosmonauta criollo.

Juan Zaietz

¿Te gustó la nota? Seguilo en sus redes 👇

@juanzaietz

YPF
La pausa

La pausa

Máximo Cantón | Del escritorio al patio, del sello al scroll, del cine de...

Cine para soñar

Cine para soñar

Lucía Amatriain y Úrsula Schneider | Hubo un tiempo en que el cine invitaba a...

El cuerpo como archivo

El cuerpo como archivo

Malena Loria e Inés Yawien | ¿Cómo guardan la historia los cuerpos? Esta...