Argentina y los desafíos de navegar un mundo en transición
Por Luis Eduardo Esquivel
14 de septiembre de 2023
A fines de enero de 1990, Mcdonald's abrió sus puertas por primera vez en el corazón de la Unión Soviética, marcando la caída del mundo bipolar y “el fin de la historia” anunciado por Francis Fukuyama. De esta manera, experimentamos una década en un mundo unipolar, donde la hegemonía norteamericana parecía eterna, mientras Washington impulsaba las banderas de la globalización y el neoliberalismo.
Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 fueron un cachetazo que despertó al mundo del sueño distópico de un mundo homogéneo moldeado a imagen y semejanza del establishment norteamericano. A partir de ese momento, vivimos en un mundo que se resiste a morir mientras somos testigos de hechos que anuncian el nuevo mundo multipolar que no termina de nacer.
Los monstruos del claroscuro
Anticipando la naturaleza de los claroscuros, Gramsci advertía que en estos momentos de transición surgirían los monstruos. Al examinar las noticias del día, se torna evidente cuales son los monstruos que invaden este mundo en transición: guerras, invasiones, crisis económicas, ascenso de outsiders, etc. Uno en particular se destaca por su presencia permanente en la historia de la humanidad: el imperialismo.
En las redes sociales se viralizó recientemente un discurso de Giorgi Meloni dirigido a Macron, donde denuncia la explotación económica que Francia impone sobre Níger y otras naciones africanas. En particular, señala el “señoreaje” y la extracción de materias primas. La jefa de gobierno italiana expone en forma clara y concisa una verdad que parece irrefutable: la descolonización fue finalmente una mera formalidad.
Los países reunidos en la Conferencia de San Francisco, al momento de crear la ONU, aspiraban a construir una comunidad internacional regida bajo ciertos principios: como la solución pacífica de controversias, la igualdad soberana de los Estados, y la libre autodeterminación de los pueblos. De esta forma, la segunda mitad del siglo pasado estuvo signada por el surgimiento de nuevos países que lograron liberarse del yugo colonial impuesto por las metropolìs europeas.
Dada nuestra posición geográfica y tradición política, la atención Argentina a los hechos internacionales suele centrarse en América Latina, Estados Unidos, Europa, y en forma creciente Rusia y China. Esto provoca que el neocolonialismo europeo en África y sus consecuencias pasen a menudo desapercibidos en las secciones de política internacional. Por ello, aunque podamos empatizar con los pueblos africanosa la denuncia de Meloni puede resultar remota.
El discurso de Meloni se refleja en los hechos que hoy se están desarrollando en África, como el caso de Gabón, que recientemente se convirtió en la cuarta ex-colonia francesa africana en deponer de facto a sus autoridades a través de un golpe de Estado. Otro de los países donde sucedió esto fue Níger, donde podemos apreciar en reportes mediáticos y redes sociales un significativo respaldo popular al gobierno que se ha instaurado y que ha tomado medidas decisivas y claras para cortar los lazos de dependencia y cooperación con París. Este escenario geopolítico se vuelve aún más complejo, si analizamos el respaldo de Moscú a los nuevos gobiernos instaurados, la resistencia liderada por parte de Macron y sus aliados, y la amenaza de una intervención armada para restaurar a los gobiernos depuestos realizada por la Comunidad Económica de Estados de África Occidental.
Entre los argumentos esgrimidos para realizar los golpes se encuentran dos muy nobles: la lucha por la liberación nacional y el rompimiento de vínculos neocoloniales con Francia. Estas causas loables merecen nuestra solidaridad, como también la pérdida de prestigio de las instituciones y la democracia debe resultarnos preocupante. Más aún en un contexto global donde el sistema democratico está siendo cuestionado. La sangre derramada en nuestro suelo en la segunda mitad del siglo XX nos recuerda la importancia de una democracia plena, libre, y respetuosa de los derechos fundamentales de los ciudadanos.
Por otro lado, el apoyo ruso a estos nuevos gobiernos evoca una advertencia de Jauretche: “No se trata de cambiar de collar sino de dejar de ser perro”. En este nuevo mundo multipolar que amanece, los pueblos de América, Asia y África se apoyan en Rusia y China para poder contrarrestar la colonización promovida desde Estados Unidos, Europa y los organismos internacionales que impulsan sus intereses. Sin embargo, es esencial que nuestros pueblos encuentren el equilibrio suficiente para evitar que la ruptura con la hegemonía norteamericana y europea conduzca a una subyugación de parte de Moscú o Beijing.
Mares tormentosos
La neocolonización y el imperialismo no son fenómenos circunscritos al continente africano, sino que también están presentes en nuestra cotidianidad. Por un lado, desde 1833, la Corona Británica reclama y ocupa en forma ilegal territorios archipelágicos, marítimo, aéreo y antártico, cuyo dominio soberano corresponde a nuestro país. Por otro lado, sobrevolando como un buitre el Fondo Monetario Internacional busca condicionar las políticas del gobierno que legítimamente eligió el pueblo. No obstante, los acontecimientos en África señalan un punto de quiebre en las hegemonías previas y el surgimiento de nuevos protagonistas en el escenario
global.
Vale la pena recordar la reciente victoria diplomática de Argentina, cuando la Unión Europea en una declaración conjunta con la CELAC aludió a las Islas Malvinas por su auténtico nombre, en reemplazo de la denominación impuesta por la ocupación británica. Este éxito es producto de años de trabajo de diplomacia que consiguió instalar la cuestión Malvinas como una causa latinoamericana. Este episodio pone de manifiesto un nuevo aspecto del mundo naciente: América Latina, actuando en conjunto, puede impulsar su propia agenda obteniendo una victoria diplomática inicial frente a una potencia como el Reino Unido.
Por lo tanto, resaltan nuevos actores que han dejado atrás un papel secundario para asumir un rol activo en la generación de las normas de este naciente mundo multipolar. Este escenario reconfigura las alianzas tradicionales, y permite el surgimiento de nuevas alianzas. Un ejemplo de estas nuevas alianzas son los BRICS, que aunque en años anteriores han desempeñado un rol relativamente secundario, recientemente se han relanzado como agentes que impulsan un cambio profundo en el sistema económico global. Ya no buscan simplemente parchar el orden concebido en Bretton Woods, sino aspiran a construir uno nuevo, donde el dólar y Washington ocupen un lugar complementario o secundario.
La reciente incorporación de Argentina a los BRICS resulta de notable relevancia por lo comentado anteriormente. Nuestra participación permite reforzar alianzas que contrarresten la influencia del FMI en nuestra política interna y, al mismo tiempo, impulsar nuestra agenda nacional. Los referentes de la oposición que criticaron está incorporación parecen ignorar la importancia que ofrece al país la posibilidad de contar con foros para expresar nuestra agenda, e impulsar alianzas y mecanismos de cooperación. Los BRICS no son, ciertamente, una solución mágica, ni deberían ser considerados como una alternativa excluyente a otros foros como el
G20. Sin embargo, resulta innegable que esta plataforma adquiere un papel esencial en la formación de las normas que regirán a la comunidad internacional los años venideros.
La brújula
Para poder navegar en estos mares tormentosos es necesario trazar un rumbo claro y contar con que nos marque el camino a seguir. Lo expuesto anteriormente deja en evidencia que, a pesar de los cambios en el panorama global, la contradicción central que define nuestro futuro persiste: la elección entre ser Patria o colonia. Es bajo esta perspectiva que surge la brújula que nos debería guiar: el interés nacional.
Los debates recientes en torno a la política exterior han estado saturados de una ideologización excesiva que impide que veamos más allá de la coyuntura electoral. La reivindicaciòn de la soberanía sobre las Malvinas, Georgias, y Sándwich del Sur, la búsqueda de la integración latinoamericana, la proyección y presencia en la Antártida, la visión bi-oceánica y bi-continental de nuestro país, la solidaridad con los pueblos oprimidos por potencias imperiales,y el fomento del multilateralismo no deben ser vistos como políticas partidarias o caprichosas, ya que constituyen elementos fundamentales para nuestra supervivencia como un país justo, libre y soberano.
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