Educar en tiempos de Covid-19
Entre las buenas iniciativas y las condiciones estructurales
Cecilia Armando* Facundo Juárez Ritterband**
Todo problema público tiene por lo menos dos caras: Una de ellas es visible, se encuentra en los discursos y demandas de los actores sociales en una situación dada. La otra cara, invisible o invisibilizada, es aquella que no parece ser tenida en cuenta en las políticas públicas que emanan de las instituciones gubernamentales.
Como es de público conocimiento, la situación de emergencia sanitaria a raíz del Covid-19 ha impulsado la aparición de nuevas formas, formatos y actividades. Nosotros hablaremos de la continuación de las trayectorias educativas a través de la educación virtual. Centramos nuestro análisis en lo que sucede en la Ciudad de Buenos Aires. ¿Cómo funciona la educación virtual para la mayoría? ¿Es una política lo suficientemente inclusiva? ¿Están todas las condiciones garantizadas para su desarrollo?¿Como juega la articulación familias-docentes?¿Qué implica para los docentes dar clase desde sus hogares? ¿Qué pasa si cruzamos variables de género en este análisis?
La Ciudad de Buenos Aires, sin contar el nivel maternal, tiene 588.706 estudiantes. En nivel inicial, se contaban unos 105.800, en primario 286.598 y en secundario, 196.308; de estos números, casi la mitad corresponde a establecimientos de gestión estatal a cargo del Gobierno de la Ciudad. Es decir que el COVID-19 empujó a que más de medio millón de alumnos continuara sus estudios desde sus hogares, la mayoría en nivel primario y secundario. Para resolver esto, el gobierno disponibilizó la plataforma educativa “Mi Escuela”, contenidos digitales, repositorios, aulas virtuales, etc.
Habrán notado que escribimos educación virtual en cursiva. Es porque queremos señalar la diferencia entre plantear una trayectoria educativa virtual, cómo hacen numerosas instituciones, y cambiar de modo “presencial” a “distancia” debido al contexto de emergencia sanitaria. Esto nos hace pensar en las cuestiones de la infraestructura tecnológica y la conectividad necesaria para la educación virtual. Encontramos que cerca de un 40% de estudiantes de escuelas de gestión estatal no cuentan con acceso a internet domiciliario y/o con una computadora, esto es más de 120.000 chicos y chicas.
Como es de público conocimiento, la situación de emergencia sanitaria a raíz del Covid-19 ha impulsado la aparición de nuevas formas, formatos y actividades. Nosotros hablaremos de la continuación de las trayectorias educativas a través de la educación virtual. Centramos nuestro análisis en lo que sucede en la Ciudad de Buenos Aires. ¿Cómo funciona la educación virtual para la mayoría? ¿Es una política lo suficientemente inclusiva? ¿Están todas las condiciones garantizadas para su desarrollo?¿Como juega la articulación familias-docentes?¿Qué implica para los docentes dar clase desde sus hogares? ¿Qué pasa si cruzamos variables de género en este análisis?
La Ciudad de Buenos Aires, sin contar el nivel maternal, tiene 588.706 estudiantes. En nivel inicial, se contaban unos 105.800, en primario 286.598 y en secundario, 196.308; de estos números, casi la mitad corresponde a establecimientos de gestión estatal a cargo del Gobierno de la Ciudad. Es decir que el COVID-19 empujó a que más de medio millón de alumnos continuara sus estudios desde sus hogares, la mayoría en nivel primario y secundario. Para resolver esto, el gobierno disponibilizó la plataforma educativa “Mi Escuela”, contenidos digitales, repositorios, aulas virtuales, etc.
Habrán notado que escribimos educación virtual en cursiva. Es porque queremos señalar la diferencia entre plantear una trayectoria educativa virtual, cómo hacen numerosas instituciones, y cambiar de modo “presencial” a “distancia” debido al contexto de emergencia sanitaria. Esto nos hace pensar en las cuestiones de la infraestructura tecnológica y la conectividad necesaria para la educación virtual. Encontramos que cerca de un 40% de estudiantes de escuelas de gestión estatal no cuentan con acceso a internet domiciliario y/o con una computadora, esto es más de 120.000 chicos y chicas.
Como es de público conocimiento, la situación de emergencia sanitaria a raíz del Covid-19 ha impulsado la aparición de nuevas formas, formatos y actividades. Nosotros hablaremos de la continuación de las trayectorias educativas a través de la educación virtual. Centramos nuestro análisis en lo que sucede en la Ciudad de Buenos Aires. ¿Cómo funciona la educación virtual para la mayoría? ¿Es una política lo suficientemente inclusiva? ¿Están todas las condiciones garantizadas para su desarrollo?¿Como juega la articulación familias-docentes?¿Qué implica para los docentes dar clase desde sus hogares? ¿Qué pasa si cruzamos variables de género en este análisis?
La Ciudad de Buenos Aires, sin contar el nivel maternal, tiene 588.706 estudiantes. En nivel inicial, se contaban unos 105.800, en primario 286.598 y en secundario, 196.308; de estos números, casi la mitad corresponde a establecimientos de gestión estatal a cargo del Gobierno de la Ciudad. Es decir que el COVID-19 empujó a que más de medio millón de alumnos continuara sus estudios desde sus hogares, la mayoría en nivel primario y secundario. Para resolver esto, el gobierno disponibilizó la plataforma educativa “Mi Escuela”, contenidos digitales, repositorios, aulas virtuales, etc.
Habrán notado que escribimos educación virtual en cursiva. Es porque queremos señalar la diferencia entre plantear una trayectoria educativa virtual, cómo hacen numerosas instituciones, y cambiar de modo “presencial” a “distancia” debido al contexto de emergencia sanitaria. Esto nos hace pensar en las cuestiones de la infraestructura tecnológica y la conectividad necesaria para la educación virtual. Encontramos que cerca de un 40% de estudiantes de escuelas de gestión estatal no cuentan con acceso a internet domiciliario y/o con una computadora, esto es más de 120.000 chicos y chicas.
Entrevistamos algunos docentes y facilitadores tecnológicos para comprender de primera mano lo que está sucediendo. Muchos de ellos hicieron alusión a esta brecha tecnológica, que se produce entre quienes tienen computadora y/o internet domiciliario, y quienes no. La opción educativa para los últimos al día de hoy es retirar un cuadernillo de actividades cuando buscan en las escuelas los bolsones de comida. Los últimos datos de pobreza medidos por el INDEC arrojan un 13,5% de personas bajo la línea de pobreza en la Ciudad de Buenos Aires, un poco menos de medio millón de personas, número que, bajo este contexto, se ve acrecentado. Entre los testimonios obtenidos se destacan el esfuerzo de las escuelas por contextualizar sus estrategias, utilizando medios de comunicación que resultan asequibles según la población convocada. Por ejemplo, existen escuelas cuyo medio de contacto con el alumnado y los padres es el blog porque es más sencillo para familias poco alfabetizadas digitalmente. Prácticas cómo turnos para que cada docente se conecte para resolver tareas y dudas, el uso del whatsapp como medio de contacto con la familia, reuniones virtuales para reorganizar planificaciones pedagógicas y la “disponibilidad a toda hora” son propias de la educación virtual.
Anteriormente nos preguntamos por el cruce en las variables de género. Sabemos que las tareas de cuidado están a cargo de las mujeres entre un 76% y un 88% de los casos. A la fecha no detectamos políticas dirigidas a la redistribución de las tareas del hogar e inclusive esta es una dimensión ausente en el diseño de la mayoría de las medidas de política pública. Si correlacionamos esta variable con la distribución por género de los puestos docentes, nos encontramos con que el 74% de estos cargos son cubiertos por mujeres, con un total de 53.877 .
Si bien no se registran datos sobre el porcentaje de docentes mujeres que tienen hijos por lo que no es posible afirmar con certeza que todas las docentes están realizando a la misma vez tareas docentes y de cuidado, hay una forma de estimar esta relación: tomando la tasa de fecundidad en C.A.B.A. que es de 1,5 hijos por mujer, teniendo en cuenta que la edad media en la que las mujeres de la ciudad tienen hijos (30 años de edad) , considerando que de las mujeres docentes de la ciudad la mayoría de las docentes censadas tienen entre 27 y 50, es razonable estimar un alto porcentaje de docentes que son madres. Esto significa que tienen un doble tarea: su tarea docente y las tareas del cuidado del hogar.
El diseño de políticas públicas debe realizarse sobre una descripción y un análisis profundo del problema que busca resolver y de su contexto. En este caso damos cuenta de dos dimensiones fundamentales que deben estar presentes en el abordaje de la educación virtual: la dimensión socioeconómica y la dimensión de género. Las políticas que no tengan en cuenta el contexto del problema público corren el riesgo de profundizar desigualdades existentes.
*Cecilia Armando es politóloga. **Facundo Juarez Ritterband es sociólogo.
30 de abril de 2020. Descargar Dossier